Pepe Rei nació en un prerepublicano 13 de Abril de 1947 en Barbantes (Galicia). Trabajando desde los 17 años combinó estudios de periodismo para iniciar con 22 años una larga andadura profesional que le llevaría a conocer todas la bambalinas y rigores de los medios de comunicación. Las previas, por rigor dictatorial, las tuvo que conocer en los márgenes de la prensa única del movimiento, desde “El Pueblo Gallego” hasta el “Odiel” de Huelva.

En 1974 publicó el libro titulado “El caso reace”, fruto de las investigaciones llevadas a cabo sobre la desaparición del aceite que las autoridades públicas almacenaban en la localidad gallega de Redondela. El escándalo del robo del aceite involucró a varios ministros franquistas e incluso señaló a Nicolás Franco, hermano del dictador.

Y crónica a crónica, conoció el precio de la libertad de expresión en el Estado español: en dictadura, en transición y en la autodenominada democracia. Trabajó en el “Madrid” volado y dinamitado, literalmente, por la dictadura. Ya en tiempos de tránsito, participó activamente en el intento por convertir la prensa franquista en una prensa pública al servicio del pueblo, pero los franquistas reconvertidos en demócratas ya enviaron entonces a la policía para impedirlo. El intento más ingente y palpable fue el guipuzcoano “La Voz de España” con la vespertina “Hoja del Lunes”, cerrado junto a “Unidad”, por la saga de los Mayor Oreja.

Arrancados los 80, fue uno de los impulsores de “La Voz de Euskadi”, un proyecto plural y cooperativo que intentaba hacerse un hueco en un panorama de monopolios y que no sobrevivió más de dos años. Pepe Rei siguió escribiendo y colaborando con distintos medios, entre ellos “Interviú”, donde dejó de colaborar tras la censura de un reportaje sobre la guerra sucia del Batallón Vasco Español. Reportaje que años después acabaría con destacados ultraderechistas en la cárcel.

En 1988 se incorporó a egin como responsable de la sección de Deportes, donde con el tiempo impulsó el Equipo de Investigación que tantos quebraderos de cabeza trajo a cualquier poder constituido. Con la remodelación del periódico en 1992, el equipo de Investigación se consolidó en la mejor tradición de un periodismo riguroso, contrastado y arriesgado. Incluso pedro J. intentó en vano llevarse el equipo a “El Mundo”. La guerra sucia, el museo de los horrores de Intxaurrondo, las tragaperras del PNV, el “Club” jelkide de la Ertzaintza empezaron a abrir portadas en el periódico más libre del Estado español. El esclarecimiento de las circunstancias del asesinato de Josu muguruza – redactor jefe de Egin- y las extensas conexiones con el CESID, la muerte de Lasa y Zabala y la identificación de los represores o las tramas mafiosas del narcotráfico tocado con tricornio en Euskal Herria consolidaron una experiencia auténtica de periodismo de denuncia en primera línea de fuego.

Pero la libertad vale muy cara en el Estado español. El periodista más perseguido, criminalizado y satanizado por los aparatos represivos de la democracia española ha escrito once libros, desde El Caso Reace (1974) hasta El Periodista Canalla (2001). Detenido en cuatro ocasiones, encarcelado en tres y nunca condenado, no existe contra él ninguna sentencia firme.

La primera detención se produjo en 1993, impulsada por Atutxa y la Consejería Vasca de Interior, que asaltaron policialmente la sede de egin y pretendieron detenerle cuando se recuperaba en la UVI de una delicada operación cardiovascular. Aún así, fue encarcelado en la enfermería de Carabanchel por orden del juez Carlos Bueren pocas semanas después. Juzgado en la Audiencia Nacional fue absuelto de la comisión de cualquier delito.

En 1988, le tocó vivir, junto a sus compañeros de Egin, cómo 300 policías bajo las órdenes de Baltasar Garzóm irrumpían en la sede de Egin y estocaban de muerte un proyecto periodístico que había nacido con el lema de “la voz de los sin voz”. Contra el silencio, y mientras participaba en la campaña “Egin, egingo dugu” que daría nacimiento a “Gara”, empezó a vislumbrar un nuevo proyecto – pionero- de investigación periodística y denuncia social. pero Garzón, quiso interponerse en su camino y en marzo de 1999 es detenido y encarcelado por una inexistente “reiteración delictiva”.

 

Recuperada la libertas en mayo del mismo año, Pepe fuerza el parto de “Ardi Beltza” en enero de 2000, que tuvo una intensa vida de 15 meses y se convirtió en la segunda revista vasca de información general hasta que -de nuevo- el superjuez estrella Baltasar Garzón decidió candarle la voz. El 19 de enero de 2001, tras pedir su cabeza Luis del olmo y hasta tres ministros del PP, Baltasar Garzón ordenó su enésima detención, que se produce en la redacción de Orereta y con el trasfondo de la publicación -sólo un mes antes- de la primera biografía no autorizada de Juan Carlos de Borbón, que superó los 50.000 ejemplares vendidos. Por la osadía de ser libre, Pepe Rei estará encarcelado en Alcalá-Meco, secuestrado por el Estado hasta que un auto de la Sala Cuarta de la propia Audiencia Nacional contra las tesis de Garzón ordena su libertad, certifica la labor de Pepe en el ámbito estrictamente periodístico y ubica la ideología independentista y anticapitalista de Ardi Beltza en el legítimo derecho de la libertad de expresión.

Tras recuperar la libertad por tercera vez, Pepe siguió escribiendo y colaborando en “Kale Gorria”, nacida en mayo de 2001 tras el cierre de Ardi Beltza. Paradojas dictatoriales, sus trabajadores decidieron que la libertad de expresión ya no estaba garantizada en el Estado español y decidieron establecerse -como antaño- en la Euskal Herria bajo administración francesa.

En Agosto de 2002 sufrió un grave accidente de circulación en la variante de Donostia que le mantiene apartado de su pasión: el periodismo de investigación, le pese a quien le pese y caiga quien caiga, en la causa por la libertad de los pueblos y las personas. Pepe Rei, que ha conocido el cierre de seis medios de comunicación -en nombre de la democracia- es “Juan sin miedo”, la palabra insurrecta contra la ley del silencio, el periodismo libre contra las mordazas de la inquisición, la constatación -en sus propias palabras- de que pase lo que pase y en las circunstancias que sea siempre hay que escorarse por la libertad.

Este es Pepe Rei, contra el que se alzaron los fiscales, gobierno y oposiciones, superjueces y macropolicías, editoriales y portadas de la prensa oficial. Toda la artillería del sistema contra la amenaza del ejemplo de Pepe Rei. Buen ejemplo que el poder sigue sin soportar, que sus mercaderes no pueden comprar -porque nunca se vendió-, sus policías no pueden controlar y sus cañones no pueden acallar.

Eskerrik asko, Pepe.